domingo, 2 de diciembre de 2018

Silencio. Otranto

     Otranto, Italia

Me dejaba llevar por el viento
que solo se detenía en el muro rotundo de tus pasos
Gemía el mar como nunca
y en un abrir y cerrar de ojos
advertía que el silencio
lo había invadido todo
JNB

lunes, 26 de noviembre de 2018

Provincia de Buenos Aires, Argentina

     Provincia de Buenos Aires, Argentina

Hablando a la emoción
hemos descubierto que nuestro deseo
se ha hecho fuego.
Los dos en uno
hemos sostenido el abrazo mas largo
mientras tu alma clara y femenina
conquistaba mi corazón por siempre.
JNB



domingo, 25 de noviembre de 2018

Duda.Puerto. Mar del Plata


                     Puerto. Mar del Plata, Argentina 

Quedamos anclados
en el espeso tumulto de la duda

La espera se prendió tan profundamente
en nuestras carnes,
que a la hora de la partida
ya carecíamos de esperanzas.

El rescate fue posible tan solo
cuando la certeza anidó en el cielo.
JNB

sábado, 24 de noviembre de 2018

Sueño. Puerto, Mar del Plata

      Puerto. Mar del Plata, Argentina 6223

El sueño de la partida
fue más poderoso que el pensamiento.

Arrancó en lo mas hondo de la tierra
para adentrarse en un mar
tan profundo y extenso
que ni las sirenas pudieron rescatarlo.

Al despertar, la suave brisa del agua
confesó que aún dormía.
JNB

jueves, 22 de noviembre de 2018

Horizonte. Provincia de Buenos Aires, Argentina

     Provincia de Buenos Aires, Argentina

En ese largo horizonte
evoco la emoción
que construye el arte,
solo 
cuando tus ojos
son capaces de rescatar
esa otra inmensidad
JNB

lunes, 5 de noviembre de 2018

Vuelo. Lausenne, Suiza

     Centro de Estudios Rolex, Lausanne, Suiza

     Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa -SANAA-. Construcción: 2007 - 2009

Entre las dos cáscaras ondulantes
se articulan los cristales de la libertad.
Allí se desprenden del cuerpo
Aspiran a refundar un mundo
en dónde los sueños son posibles.
Se desapegan de las ataduras, de las costumbres,
para emprender un inesperado vuelo.
JNB



domingo, 4 de noviembre de 2018

Alberga a muchos. Lausanne, Suiza

    Centro de Estudios Rolex,Lausanne, Suiza

    Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa -SANAA-. 2004 - 2010

Alberga al estudioso, al investigador,
al que administra, a quién está harto de leer;
alberga al grupo, al enamorado,
al sediento de saber;
alberga al ciego, al bibliotecario,
al tremendo holgazán;
alberga a los hambrientos, a los solitarios,
a los que buscan verdad;
alberga al soñador, al perdido,
al que trabaja en no sé qué.
Y en los intersticios
es capaz también de albergar una sonrisa
JNB

sábado, 3 de noviembre de 2018

Arbol. Lausanne, Suiza

 
    Centro de Estudios Rolex,Lausanne, Suiza 
    Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa -SANAA-. Inauguración: 2010

Esos delicados troncos
pueden sostener con gracia
la llama creciente del deseo.
Y sin embargo
al caer el día
lo que parecía fuego
se vuelve árbol sediento
JNB

viernes, 2 de noviembre de 2018

Hoja. Lausanne, Suiza

                     Centro de Estudios Rolex,Lausanne, Suiza
                     Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa -SANAA-. 2004 - 2010

Como la hoja tierna del manzano
es flexible y ligera en los movimientos.
Los arcos de sus nervaduras
se anclan con firmeza al suelo
mientras dejan que la luz desvergonzada
de la primavera
los aturda
JNB


jueves, 1 de noviembre de 2018

Cuerpos. Lausanne, Suiza



    Centro de Estudios Rolex,Lausanne, Suiza

    Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa -SANAA-. Competición: 2004
 
Mas que unas renovadas formas
fueron capaces de captar el movimiento de unos jóvenes,
interpretar el nuevo código de encuentros
y responder a las necesidades de sus cuerpos.
JNB

miércoles, 10 de octubre de 2018

Adoquinado. R


Serie: Regreso


Adoquinado
La calle empedrada tiene un brillo especial. Los adoquines grandes de granito de forma prismática con bordes redondeados dispuestos en hilera con el cuidado y habilidad de quienes saben apoyarlo sobre arena, y suelo muy asentado. Observábamos como la cuadrilla los levantaba con un barreta para amontonarlos en una pila para luego volver a usarlos. Admirábamos la destreza de aquellos hombres y deseábamos poder apisonar, como ellos, la tierra agregada en dónde se había formado el pozo. Poder hacer lo que ellos!
Se tiraba la arena, se apisonaba, y nuevamente la piedra era colocada una detrás de otra, empujando y arrimando, siguiendo las hileras, sin desviarse y conservando las alturas y el declive, con el nivel y el hilo del ojo diestro. Del granito recién colocado, humedecido, emanaba una luz especial, ya listos para que pase el tránsito nuevamente.
Hoy, algunos ignorantes quieren cambiarlos por el asfalto. “Es por el coche”, dicen. ¡Quién diría!. Hace años los autos se desplazaban sin problemas, pero los de ahora… Claro está que esos que los quieren sacar, pocas veces han caminado lento, por esas calles, observando el paisaje. Pocas veces han observado su textura, sus tonos y colores. Ni qué hablar de ese encuentro con las viejas vías del tranvía, la recta de la cuadra, la curva de la esquina.
Es que desde el auto, pocas veces es posible observar esa belleza.
JNB.

martes, 9 de octubre de 2018

Cordón. R


Serie: Regreso


Cordón
El cordón separa la vereda de la calle, el mundo seguro del peatón se enfrenta al “incontrolado” mundo del carro o el auto. Separa el paso sosegado, del ligero y apresurado. En el barrio los cordones son de granito gris, algo texturado y en algunos casos liso y brillante. Sobresale con soltura formando un escalón. Son ideales para hacer equilibrio, un paso tras otro, sin tocar el adoquinado -no sé porqué, pero siempre caíamos de ese lado-. Me veo haciéndolo incluso de adulto, recordando “aquellos tiempos”; lo haría ahora nuevamente.
En la cuneta, que se forma por la diferencia de nivel entre el cordón y la calzada casi siempre hay agua; a veces estancada, otras veces corriendo. Ideal para jugar con los “barquitos” que en ocasiones era solo un palito que encontrábamos tirado por ahí, y se podía convertir en transatlántico, barco, bote, canoa, según jugáramos a los indios, a los conquistadores, o nos íbamos de viaje muy lejos, hasta dónde alcanzaba nuestro saber o nuestra imaginación.
El cordón era el mejor asiento. Con las piernas abiertas y los pies sobre la calle teníamos largas conversaciones… Momentos de secretos, de “filosofía”, de “y porqués”, y “yo de dije”; hasta llegar el momento de la pelea; de ahí, alguno se iba enojado, con el “nunca más” entre los labios, o en el peor de los casos, con un ojo negro. En este caso ninguno terminaba con excesiva alegría.
De pronto el cordón se corta en la entrada de un garaje, y queda bajito, a la altura de la calle. La superficie, a diferencia del resto, aparece como martelinada. Es interesante observar los extremos, cuando vuelven a tomar su altura habitual, a ras de la vereda. Son unos pocos centímetros que muestran la maestría del “pica cordón” o del “pica pica”, como habitualmente se llamaban.
JNB. Dedicado a Amelia Braghetta de Grimalt

lunes, 8 de octubre de 2018

Baldosas "vainilla". R


Serie: Regreso 


Baldosas vainilla
Mis pasos resuenan con regularidad pausada en la vereda de baldosas calcáreas, de vainilla que tienen cierta textura por el desgaste. Su color amarillento me recuerda las hojas de los libros viejos. Posiblemente es una de las razones por la que me resultan entrañables. Se ubican por casi toda la cuadra, y la mayor parte de ellas están ordenadas del mismo modo: los seis listones, pequeños y juntos se emplazan uno detrás de otro, perpendiculares a la calle, y con un leve declive hacia ésta. El acanalado, justo en tamaño para el escurrimiento. Cuando de niño tiraba un chorrito de agua me ilusionaba un río. A veces un torrente desbordado que invadía los límites, aunque pronto el líquido se dispersaba para correr en un hilo delgado y ligero, que me agitaba.
Siempre me llamó la atención los bordes biselados de las baldosas vainilla 20 por 20. Los canales aparecen precisos y perfectos, contrastando con el desequilibrio que producen cuando están flojas y nos escupen en los días de lluvia, o cuando la “doña” ha limpiado la vereda tirando incontables baldes de agua.

A esta altura me es inevitable recordar el poema
Veredas de Buenos Aires” de Julio Cortazar:
De pibes la llamamos vedera

y a ella le gustó que la quisiéramos,

en su lomo sufrido dibujamos tantas rayuelas.

Después, ya más compadres, taconeando,

dimos vuelta manzana con la barra

silbando fuerte para que la rubia del almacén

saliera a la ventana.

A mi me tocó un día irme lejos,

pero no me olvidé de las veredas,

aquí o allá las siento

como la fiel caricia de mi tierra

Al fin y al cabo, las veredas han alcanzado la categoría de identidad que muchos administradores del espacio público se empecinan por cambiar. Es imposible que ellos alteren nuestros recuerdos.
JNB.Dedicado a Rosita Ortiz (de Turdera)

domingo, 7 de octubre de 2018

Raíces. R


Serie: Regreso


Raíces
Cuando el tronco de estos árboles van acercándose al nivel de la vereda, engrosan y exteriorizan parte de sus raíces. Unas, apenas si sobresalen tímidas de la tierra, otras desbordan el cuadrado preparado para ellas, y levantan las baldosas, las quiebran. En esta parte del barrio, permanecen así, rotas, dejando ver las raíces que pujan por avanzar. Se diría que nadie se atreve a tocarlas; como si un sagrado designio obligara a respetar su impertinencia. Obligan a que las observemos; nadie quiere tropezarse con ellas… y nadie se tropieza, pues con lento caminar los vecinos acomodan sus miradas y sus pasos ajustando el ritmo.
Veo esas raíces y pienso en su profundidad, una profundidad sin medida que penetra en la tierra. Al verlas sobresalir, podemos tomar conciencia de su hondura.
JNB.

sábado, 6 de octubre de 2018

Ramas. R

Serie: Regreso
Ramas
Las ramas se mecen lentamente, como danzando en lo alto; unas ramas potentes y retorcidas, y otras, extendidas y finas, mas sensibles al viento. De un gris verdoso, contrastan con las hojas brillantes y densas. Se acurrucan unas a otras y luego se separan formando un ramillete. Evocan la tibieza de una cuna.
Siempre cambiantes nos obligan a levantar la cabeza, con los ojos vueltos hacia arriba desentrañando su diversidad.
Los troncos gruesos, poderosos, rectos y levemente inclinados delatan mil secretos entre su corteza clara y verdosa interior, y las cáscaras irregulares y escamosas, grises o marrones que se van desprendiendo. Alguien ha dejado una marca, y pienso, que acompañará la vida del árbol por un tiempo. Quizás algún día, el malhechor regrese, y vuelva a encontrarse con ella, y el árbol, en ese momento alcanzará la dimensión de su amistad. También retorno, y vuelvo a investigar los mil recovecos en busca de esos pequeños seres que viven en sus profundidades. Me gusta observar como caminan, o corren con mi aliento. Y ni que hablar si acerco mis dedos… Pienso que su mundo esta condensado en ese tronco; allí nacerán y morirán. Una y otra vez el círculo de la vida se repetirá regalándonos la ilusión que la nuestra es duradera.
JNB.

Tiempo. Suiza, Lausanne

Una manera de acercarnos a la arquitectura consiste en hacerlo desde el lenguaje poético, trascendiendo la mera observación de ...